
Pero esa es la apariencia. Y "Otro corto con niños" es la prueba de ello. El argumento es bien sencillo: un niño desparece un lunes de verano. Sólo eso. Después veremos a un padre que fuma en pipa, a una madre que habla sola, a una hermana pasota y a un par de inspectores tan sagaces como los defensas del Real Madrid. Insisto, esa es la apariencia, porque detrás, sin dramatismos, nos encontramos con la brutal soledad de un niño al que nadie quiere reconocer, un niño que siente la soledad más brutal que se puede sufrir: aquella que se tiene acompañado de los demás. Aquí es donde Adanti crece como autor, cuando uno abandona la sala y mientras enciende el cigarrillo de rigor empieza a asimilar la otra historia; aquella que estaba escondida detrás de unos colorines pop tan livianos como una ráfaga de viento. Y sonreímos pensando en una herida que llora mientras canta.
Sebastián Taberna