Hay para mí un problema --allí estuvieron y por allí pasaron Gene Kelly con Tom & Jerry o Roger Rabbit con Bo Hoskins o Brad Pitt & Gabriel Byrne con una Kim Basinger sublimada en Cool World-- en la interactuación entre los dibujos animados y los humanos animales. Y ese problema reside en que este supuesto milagro técnico es constantemente subrayado hasta convertirse en El Tema y El Credo de la cuestión. Oh! Tinta y sangre! Ah! Ordenador y músculo!
Por suerte, nada de eso sucede en "Otro corto con niños" de Darío Adanti y Federico Sacco donde la cuestión --y la virtud y la gracia-- pasa por la negación absoluta de este vínculo técnico y supuestamente milagroso.
En "Otro corto con niños" --pequeña pero inmensa fábula-- nada se señala, nada se explica y, al final, el espectador se queda con la perturbadora sensación de que Lucio, el niño conejo, es quien ha dibujado a todos los demás, a los inhumanos humanos, a su familia disfuncional y absurda y tanto más adicta que él a la gestualidad cartoon y loony tune.
Y que Lucio hace muy pero muy bien en irse de esa casa donde todos los buscan para así tener la perfecta coartada de no encontrarlo nunca. No importa: Lucio fue el primero en encontrarse a sí mismo. Buen viaje, buena suerte, y hasta luego.
Rodrigo Fresán